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La Movida
La famosa "movida" valenciana es excepcionalmente agitada y prolongada. Y si no sabes lo que es vamos a intentar darte un breve explicación; se trata de un "fenómeno de masas de juventud, por el cual cada individuo con ganas de fiesta sale en la noche del Viernes, y en algunos casos del Jueves, a animar pubs y discotecas y vuelve a su casa el Domingo por la tarde. Este individuo, multiplicado por el gran numero de jóvenes que pueblan la ciudad (especialmente acentuado por el crecimiento de la población a partir de los años 60) conlleva como resultado una experiencia sin igual que sólo los bien entrenados pueden superar". Si te encuentras con ganas de experimentar y estás bien entrenado puedes seguir una de las siguientes recetas:

Las ciudades piensan poco en el turista que no las conoce
Lo peor, la información ofrecida en las oficinas de turismo: sólo aprueban las visitadas en cinco de las trece ciudades estudiadas.
Este verano, más de 16 millones de españoles realizarán un viaje de vacaciones y, si se mantiene la tendencia del año anterior, el 97% elegirán un destino nacional. Y optarán preferentemente por un destino dentro de su propia comunidad autónoma o una cercana. El medio de transporte más utilizado por los turistas españoles es el coche, casi ocho de cada diez recurren a él para llegar al punto elegido para sus vacaciones, mientras que uno de cada diez recurre al autobús y el resto al avión (6%) y el tren (5%). Y se sabe que planificamos poco: la mitad de nosotros apenas planeamos nada hasta 15 días antes del viaje. En resumen, que el perfil del turista español es el de una persona o grupo que no viaja al extranjero, que se desplaza en coche y que cuando llega al punto de destino necesita información, porque apenas la ha recabado antes de partir de viaje.
CONSUMER ha calibrado en qué medida Madrid, Barcelona, A Coruña, Málaga, Valencia, Vitoria, Bilbao, San Sebastián, Pamplona, Murcia, Cádiz, Castellón y Burgos piensan en el turista, en qué grado informan (oficina de turismo) sobre lo que ofrecen al viajero y hasta qué punto le resulta sencillo (señales para llegar a los lugares de interés, tráfico viario y transporte público) llegar a los puntos de interés de cada ciudad. Para desarrollar esta prueba sobre el terreno, técnicos de CONSUMER que no conocían la ciudad, recrearon el itinerario quizá más común cuando llega el turista a una urbe que pretende visitar: tras llegar en coche, acudieron a un hotel céntrico de tres estrellas, desde donde se partió hacia la oficina de turismo más cercana. El siguiente destino fue el museo más emblemático de la ciudad, y tras éste se acudió a una zona de ocio o compras recomendada en la oficina de turismo. En esta prueba, todos los desplazamientos se realizaron en coche.
Las conclusiones de la investigación no dejan en buen lugar a quienes trabajan para conseguir que la ciudad resulte acogedora y cómoda para los viajeros que intentan disfrutar de su oferta turística pero no la conocen. En otras palabras, que las ciudades piensan poco en quienes las visitan con intenciones turísticas o culturales. Veamos los datos: sólo aprueban el examen de CONSUMER cuatro ciudades, Madrid (excelente), Pamplona, Vitoria y Valencia (las tres, sólo aceptables). Un pelotón compuesto por (de mejor a peor), A Coruña, Bilbao, Barcelona, Murcia y Burgos, rozan sin conseguirlo el aprobado, mientras que San Sebastián y Málaga obtienen un "mal", y Castellón y Cádiz se tienen que conformar con un "muy mal". Por apartados, sólo han aprobado el 40% de las oficinas de turismo (y holgadamente, sólo la de Madrid). Y en cuanto a la facilidad para localizar los destinos y transitar por la ciudad, sólo aprueban el 30% de las ciudades (destacan positivamente Madrid y A Coruña). El apartado con mejores resultados es el referido al despliegue de transporte público cercano a los lugares turísticos elegidos: aprueba más de la mitad de las ciudades; las peores fueron Burgos, Castellón y Cádiz.

Lucila Talens
Visitar una ciudad, con un tiempo agradable, sin prisas, disfrutando de su excelente gastronomía, deambulando tranquilamente por sus plazas y callejuelas, empapándonos de su historia y sus costumbres, es uno de los placeres más encantadores que uno se pueda imaginar. Valencia es una de esas hermosas ciudades mediterráneas que atrae por su valioso atractivo y, junto a sus pueblos y maravillosos parajes, se está convirtiendo en un lugar espléndido para recorrer y conocer.
Al referirnos a "turismo cultural" estamos indicando que se trata del turismo que se practica en los núcleos urbanos que presentan un alto número de recursos culturales que por su singularidad y valor son capaces de atraer a los turistas y provocar que éstos estén motivados en conocer el patrimonio cultural de la ciudad o urbe visitada.
Sabemos que históricamente han sido las ciudades las que han reunido en su seno las grandes catedrales, palacios, museos y todas las obras extraordinarias que merecen ser contempladas y conocidas. El público que desea visitar estas poblaciones para conocer sus monumentos se convierte, en términos de marketing, en la demanda, es decir, en una clientela tremendamente diversa y muy exigente, que asume una mayor conciencia ambiental y una mayor motivación cultural.
He podido constatar el interés creciente del público por conocer y disfrutar de los tesoros artísticos que pertenecen a nuestra sociedad. En la Comunidad Valenciana poseemos suficientes Bienes de Interés Cultural (BIC) como para desarrollar un emergente turismo cultural. Es cierto que las autoridades locales empiezan a preocuparse por el tema, ya que su deseo es hacer de Valencia una ciudad atractiva a nivel mundial. La organización de la Copa de América es todo un ejemplo en esta dirección al igual que lo fue y sigue siendo la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Pero debemos ser capaces de mostrar también una ciudad escaparate de nuestra cultura, de nuestra artesanía, de nuestras vivencias.
El folklore entra dentro del patrimonio intangible y el nuestro es tan rico como lo son las propias fiestas de las Fallas, festejos muy celebrados tanto dentro de nuestra ciudad como de cada vez más pueblos de los alrededores. Estas festividades en honor a San José y por extensión a la Virgen de los Desamparados, se han convertido en uno de los referentes de nuestra idiosincrasia mediterránea. Forman ya parte de nuestra cultura. A Valencia se le conoce por las fallas, por el fuego, por el olor a pólvora, por el color de la noche. Visitantes de países lejanos acuden cada año al rito de la "crema" y los valencianos nos sentimos orgullosos de ello.
Pero la cultura valenciana no sólo puede limitarse a ocho días de marzo. Valencia es también la Semana Santa Marinera, los Milagros de San Vicente, el Corpus, la Virgen, la feria de Julio y la Batalla de Flores, entre otras cosas más. Sin olvidar que durante los meses invernales numerosas poblaciones del interior celebran ritos y ofrendas a sus santos, con una magia y ensueño que nos trasladan a épocas medievales y ancestrales.

El arte y la artesanía son igualmente esencia de nuestra cultura. ¡Cómo podemos olvidar que estamos en una tierra de artistas! Pasear por el centro histórico es contagiarnos de placeres para los sentidos. Entusiasmo y diversión son las palabras prodigiosas que nos sugieren un conjunto de pequeños y encantadores comercios que se despliegan alrededor del casco antiguo y nos brindan objetos exclusivos de nuestra tierra. La linda artesanía del mimbre, las bellas pasamanerías trabajadas con amor, decorarán con gusto cualquier rincón de nuestro hogar. Sombreros hechos a medida y bolsos a juego complementarán al más elegante atuendo. La sensación de bienestar se filtrará desde perfumes elaborados con experiencia centenaria, acompañándonos en una visita por galerías de arte y librerías de merecida fama. Y después, una buena comida aderezada con los mejores productos cultivados en los huertos y campos de nuestro bello entorno.
Todo esto también lo debe conocer el visitante. El turismo cultural muestra nuestro patrimonio tangible e intangible y sirve de contrapunto al turismo de sol y playa, diversifica la oferta y atrae a nuevos turistas.
Tanto los profesionales del turismo como los historiadores deben colaborar para desarrollar una serie de contenidos de índole cultural muy identificativa. El historiador debe ser el encargado de argumentar las razones culturales que justifiquen la realización del producto turístico cultural que estará formado por los recursos monumentales, folklóricos o naturales. Por su parte, los profesionales del turismo serán los encargados de mostrar al público los criterios generales que hayan marcado previamente los historiadores.
Para esta actividad se necesitan profesionales de la gestión de servicios culturales y de la gestión del turismo cultural, personas conocedoras del patrimonio y de la demanda cultural, capaces de elaborar planes de actuación analizando los recursos culturales existentes, conociéndolos, diferenciándolos y valorándolos. Estamos seguros que se está ya trabajando para que nuestra bonita ciudad sea conocida y valorada tal y como debe ser.


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