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Empieza justo al borde de la ciudad y se extiende desde la Albufera a Sagunto. Su fértil tierra, que puede dar hasta cuatro cosechas al año está regada por ocho grandes acequias que distribuyen las aguas del Turia. La gran variedad de sus cultivos ofrece un colorido lleno de matices, incluso con bellas plantaciones de flores, tan cuidadosamente cultivadas que a veces uno se siente en un jardín.
A este hermoso paisaje se le añade la bella pincelada de las barracas, vivienda tradicional del campesino humilde, construcciones de barro de un blanco estridente con techo en doble vertiente de cañas y paja. Lamentablemente no quedan muchas de ellas, al igual que la residencia señorial campesina, la alquería, de las que quedan ejemplares como la Alquería del Pi, en Burjasot, de estilo gótico.
Entre los más bellos huertos para visitar están los de Alcira, Carcagente y Oliva, apretados, siempre verdes, bañados de azahar en primavera. Entre los arrozales merece visitar Sollana, Sueca y Cullera, que parecen en Mayo una pintura japonesa y un mar de oro en Septiembre, cuando están listos para la siega..

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